jueves, 31 de marzo de 2016

Elena Medel



He tardado una eternidad en decidirme a escribir sobre este libro, aparecido el año pasado en la editorial Visor, como obra completa de Elena Medel. Al parecer la intención del editor era sacarlo más próximo a la publicación de "Chatterton", pero finalmente se aplazó a una fecha algo más retirada.
Con el Loewe y la salida de "Un día negro en una casa de mentira" -que es como se titula el volumen-, Elena Medel ha sido ascendida a la oficialidad muy merecidamente.
La perspectiva de su obra completa, que incluye libros y otras obras de menor longitud, confirma su coherencia y su genealogía. Piensa uno de modo inmediato en algunas poetas -hoy ya veteranas-, como Luisa Castro o Blanca Andreu, con las que tiene tantas semejanzas y en, claro, las grandes poetas Plath y Sexton, tal vez Margaret Atwood, y la maravillosa Adrienne Rich, por citar lo obvio.
Este libro es de lectura imprescindible para cualquiera que diga de sí que es lector de poesía.


Elena Medel es una poeta que contiene en su mano una enorme energía. Esa energía a veces se descontrola un poco, pero cuando queda encauzada, cuando Medel sujeta la cabeza de ese animal fuerte que son sus emociones y su deseo de crear un efecto, y los canaliza con su gran capacidad para crear plasticidad, estamos ante un hecho poético magnífico.
Ella misma detecta ese exceso y suele corregirlo con ironía, tomando distancia ante la turbulencia que ha creado. Porque el motor de su obra, desde mi humilde opinión, es el riesgo.
El semblante sereno, el pausado acento cordobés, esconden una leona literaria que se despliega a lo largo de su breve y compacta obra.
Y sí, su producción es corta. Pero lo es, estimo sin certeza absoluta, de una forma voluntaria, de un afán de control que se muestra en las correcciones a las que ha sometido a sus libros pretéritos y las demoras de sus nuevos títulos.
Ahora mismo ya se la puede considerar, más allá de poeta, una agitadora cultural de permanente presencia en los medios. Esa temeridad, manifestada de tantos modos, tiene ese premio.
Su colección de poesía La Bella Varsovia, que sea incluida en numerosas antologías,  componen un personaje muy destacado en la pequeña aldea de la poesía española.
Bueno, esto no es decir nada que no se sepa ya por tantos cauces. Ella misma encabeza un grupo creciente de escritoras feministas que se mueven en coordenadas semejantes a las suyas y se despliegan a través de pequeñas editoriales, blogs y webs de gran vitalidad, abiertas al ámbito internacional. No todo lo que se muestra en ese ámbito me gusta, pero por ahí se encuentran estupendas joyas, precisamente por eso, por el dinamismo que lo caracteriza.
Efectivamente en ella pesa la condición de género, enriqueciendo su universo y, a veces, condicionándolo. No obstante no creo que exista opción política que al explicitarse y volverse nuclear no cause el mismo efecto en cualquiera.
Hoy he querido referirme a un poema que me parece en cada relectura mejor. Es el que cierra el libro. Se titula "Mi vida como Hanna Horvath", que se refiere a la protagonista de la serie de la feminista Lena Dunham, "Girls", y que es posible seguir en canales de pago.
En este poema se compendia, a mi modo de ver, de forma ejemplar la poética de Elena Medel. Tiene esa energía desbordante, la exuberancia simbolista, la reflexión sobre los roles de género y la emoción y un ritmo basado en la repetición que me recuerda, no sé si producto de un espejismo, al final de "Cascabeles", el poema de Gimferrer en "Arde el mar" -yo, Hoyos y Vinent, de vivir, vivo, etc. Sólo transcribiré los primeros versos de esta composición, que, al igual que en las películas de Cecil B. de Mille, comienza con un terremoto y de ahí va hacia arriba.

"MI VIDA COMO HANNA HORVATH

Padre, madre, amigas, hombres que dormís conmigo
a saber cuántas noches, que me despertáis
porque os habéis despertado: esto es el fuego.

Esta es la manera en que una mujer dice:

esta es la manera en la que el dedo índice de una mujer choca
contra su nuca -fijaos en el discreto posesivo,
fijaos en cómo calla la nuca de quién-, en que la piel
raspa la piel -fijaos- y entonces prende. Esto
es el fuego; esta es la forma en la que arde una mujer."

(...)


Medel, Elena, Un día negro en una casa de mentira (1998-2014), Visor Libros, 2015, pag. 217.



martes, 29 de marzo de 2016

Francisco Benedito

Tengo ahora delante de mí el libro de Francisco Benedito, “La pasión de ser débil”. Y busco la forma de ser justo con él.
Creo que la única forma de hacerlo es decir que es un libro magnífico, repleto de poemas disfrazados de pequeñas viñetas en las que, en realidad, se aprieta el todo. Es un libro a cara o cruz. La elección de poemas breves, de incendiado laconismo, que alternan el tono confesional con la sentencia (moral y amoral), lo colocan en ese dilema extremo.
Debo confesar que lo leí por primera vez hace unos meses y pasé por él de la peor forma posible, con una lectura apresurada y descuidada, en un viaje breve a Valencia, ciudad en la que reside este poeta.
Pero esta semana lo he cogido en serio, me he detenido en él. “La pasión por ser débil” es un libro que merece que uno se detenga. Como señalaba, no es la habitual sucesión de poemas, tan habituales hoy en día, que funcionan como una colonia de buen olor, fresca y finalmente volátil. “La pasión por ser libre”, de ser un perfume, sería una esencia; en ella se acumula con todo su peso el aroma destilado de una experiencia vital.
La elección de hacer rotar el poema alrededor de nombres abstractos supone una apuesta arriesgada, en una época, la nuestra, en que el fanatismo de la línea clara y el simbolismo light de las poetas feministas (estas dos tendencias contrapuestas y a la vez curiosamente parecidas) dominan con mano de hierro el panorama, significa remar contra corriente. Sin embargo, qué queréis que os diga, la gran poesía se talla alrededor de los nombres abstractos (la vida, la muerte, el tiempo, la verdad, la conciencia, lo amado, lo vivido, la raíz, el alma, etc). (Pienso ahora en Saint-John Perse, T.S. Eliot, Rilke -aunque no necesariamente en relación a Francisco Benedito-, en casi todos los poetas románticos). Lo demás son modas.
De modo que los poemas de este libro parten de lo sensorial para desembocar en lo abstracto, para establecer verdades. Algunos de ellos arrancan en una sensación y conducen a un universal. En otras ocasiones se inician con una sentencia y luego se desmenuzan en impresiones de los sentidos. Siempre con redondez y sentido exacto de la longitud del verso. A fin de hacer balance, saldar la mitad del camino que supone adentrarse en la cuarentena.
Seguiré leyéndolo, tratando de desentrañar el misterioso foco alrededor del que gravitan algunos de los poemas, estas muy contenidas píldoras de reflexión vital, de saboreo de la propia temperatura emotiva, que flotan a una distancia de su referente original, que, fatalmente, desconozco.
Copio un poema, el que cierra el libro:

TIEMPO DE VUELTA
Ahora que mi tiempo
ya ha dejado de ser tiempo de ida
habla en mí la conciencia más desnuda.
Es en ese momento
-cuando parten los azules del verano-
que se me funde el alma con las cosas.
Suena dentro del pecho
la melodía verde de los árboles,
se desprenden sus hojas
que en otras estaciones
los vistieron fugaces de esplendor.
Es este ese momento
en que deseo el alma del otoño
llevándose las galas de la mía.

Otoño que desnudas este mundo,
llévame a tu raíz.


“La pasión de ser débil”, Ediciones Contrabando, Valencia, 2015, pag. 62.

lunes, 21 de marzo de 2016

Te busco - Víctor Víctor

De los varios géneros musicales que le van al español como anillo al dedo, desde luego está en un lugar destacado el bolero.
Por eso me apetece copiar aquí la letra de este bolero excepcional del dominicano Víctor Víctor y acompañarlo de la interpretación perfecta, emocionante, de Celia Cruz.

Este es el poema:

Al cielo una mirada larga
buscando un poco de tu vida.
Mis estrellas no responden
para alumbrarme hacia tu risa.

Olas que esfuman de mis ojos
a una legión de tus recuerdos.
Me roban formas de tu rostro
dejando arena en el silencio.

Te busco perdida entre sueños;
el ruido de la gente me envuelve en un velo.
Te busco volando en el cielo;
el viento te ha llevado como un pañuelo viejo.

Y no hago más que rebuscar
paisajes conocidos
en lugares tan extraños
que no puedo dar contigo.

En cualquier huella te persigo
en una sombra te dibujo
huellas y sombras que se pierden
la suerte no vino conmigo.

Te busco perdida entre sueños
el ruido de la gente te envuelve en un velo.
Te busco volando en el cielo
el viento te ha llevado como un pañuelo viejo.


Te busco...






martes, 8 de marzo de 2016

DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA



No deja de ser un escándalo mayúsculo que de nuevo sea necesario celebrar un día conmemorativo de las mujeres, que, como bien sabemos, todas y todos, como se dice ahora, son algo más de la mitad de la población. Que una joven, que se incorpora hoy al mundo, necesite hacer reivindicación de sí misma, para que su valía sea tenida en cuenta, demuestra el nivel de estupidez e injusticia en el que nos desenvolvemos.
Resulta palmario que las mujeres se han ido abriendo paso en aquellas profesiones cuyo sistema de selección tiene una menor carga de subjetividad. Cuando las decisiones tienen un componente subjetivo, se produce un fenómeno de nítido apartheid. Es evidente en las empresas, donde se obliga a las mujeres a aceptar salarios inferiores, medios sueldos y un nivel de exigencia frenético en cuanto a horas de trabajo y dedicación (sé muy bien de lo que hablo, porque en "mi otra vida" dirigí un comité de empresa. Una empresa en la que muy pocas mujeres ocupaban puestos de responsabilidad y las que lo hacían tenían esos llamativos apellidos compuestos tan habituales en, digamos, los barrios altos). Y muchas veces, muchas, muchas, son otras mujeres las que imponen esta situación.
Y se produce en la poesía, cómo no, que es de lo que se ocupa este blog.
La cuestión de la mujer es la cuestión del poder. La cuestión, la única cuestión, es el poder en general.
La sociedad no deja de ser un organismo de subjetividad colectiva en la que los privilegios y la capacidad para hacer y mandar se distribuye según conceptos, ideas fuerza, taxonomías que condicionan al individuo, más allá de su valía singular.
Celebrar el día de la mujer conduce, no a la disolución de un concepto pernicioso, sino a la consagración del mismo. No se puede ignorar que las mujeres, excluidas como estaban del juego de poder más decisivo, de los cargos de alta performatividad, han necesitado un grito que reclame y ponga el subrayado en su exclusión. De ahí que hayan sido empujadas a organizarse en círculos feministas y que también se hayan tenido que organizar estas efemérides o que haya sido necesario, por poner un ejemplo, realizar antologías de poesía escrita por mujeres. Todos estos pasos han sido obligados, pero no pueden ser el futuro. En cierto modo, las feministas, la observación de las mujeres como un exótico subconjunto, esas ideas deben dejarse atrás como una etapa que es urgente clausurar.
Los hechos acabarán por imponerse con naturalidad, puesto que hay al menos tantas mujeres como hombres que reciben una educación superior y tienen acceso a exactamente los mismos medios que los hombres. ¿Cómo no van a brillar muchas de estas mujeres? Sería un imposible que no lo hicieran con la misma intensidad o con una proporción semejante.
Sin embargo esta disputa hombres-mujeres, como toda guerra de trincheras, tiende a perpetuarse a sí misma. Las feministas han cavado una honda trinchera, que ha ido perfeccionándose en su profundidad y sus defensas. Al otro lado, en el otro parapeto, figuran algunos personajes que ejercitan la exclusión del mismo modo que han hecho siempre, aunque cuidándose de verbalizar sus prácticas (no siempre, como ocurrió con el bochornoso asunto Visor). Esta guerra de trincheras es una lucha por el poder indisimulada. El campo de batalla reside en aquellos lugares donde se despacha lo crucial.
Los círculos de poesía, como señalábamos al principio, funcionan según criterios de alta subjetividad. El papel que ocupa cada uno en ella procede del juicio de otros. Al ser un arte para minorías adolece de los defectos de todo lo que es pequeño y no se articula como un verdadero mercado, con productores y consumidores. Todo lo importante de la poesía ocurre fuera del lugar donde la poesía reside, es decir, en las páginas impresas. Los lugares donde se dirime el quién es quién son otros. Ya lo sabemos todos. De ahí los codazos para conseguir el premio literario de turno, para aparecer en el listado de intervinientes en tal o cual evento, para ser reseñado en los suplementos literarios de carácter generalistas o, para, finalmente, ser laureado con distinciones de carácter público.
Las feministas reclaman un lugar en esos lugares con aritmética exactitud. Por lo tanto entiendo que sus demandas tienen que ver con cuotas de poder y poco o nada con propuestas literarias. Del mismo modo exigen una rectificación del pasado, cuya justicia evidente en unos casos, en otros es muy discutible. Claro que también es muy discutible que se concediera el Nobel al matemático Echegaray, olvidado y olvidable.
Ya no es posible volver atrás y conceder a María Zambrano el lugar que se le hurtó en su época, aunque me pregunto (sin saberlo a ciencia cierta) si su obra es superior en importancia a la de Gaos, Ímaz, Ferrater Mora, Juan David García Bacca, Zubiri, o si es un mero apunte a pie de página de Ortega de estimable lirismo. Como todo, es subjetivo. Eso sí, María Zambrano, personaje que despierta en mí una enorme simpatía, merece ser reseñada, estudiada, repasada y glosada sin la menor de las dudas.
Quería referirme con todo esto a la enfermedad que aqueja a los mundos intelectual, literario y artístico en general. La organización en círculos, y la incapacidad para reconocer el mérito de los que se encuentran fuera de ellos, menoscaban la riqueza y fertilidad del mundo dizque cultural de España, país en el que, hasta nueva orden, vivimos.
Echo de menos más atención a los textos y menos a las figuras, a sus distinciones y méritos. El mundo, ya se sabe, es como es y por eso suceden las cosas que suceden.
Pienso a veces en Miguel Hernández, el poeta de origen más humilde, un titán superdotado, y la forma en que Perito en lunas (uno de los mejores libros de poesía de la historia de la literatura) fue ignorado. Y cómo se disparó después su prestigio bajo la adopción de Aleixandre y Neruda. Eso nos da lección del funcionamiento de este tortuoso mundo literario en el que los poetas y SUS OBRAS se desenvuelven.