sábado, 7 de mayo de 2016

Vicente Aleixandre

Para que el siglo de plata de la literatura española fuera posible tuvo que suceder un milagro. Ese milagro tiene un nombre: Vicente Aleixandre. Frente al diablo tiránico que se encarna en Juan Ramón, acude como némesis amistosa el ángel bueno: Vicente Aleixandre. Ese chorro de generosidad y amabilidad hizo posible mucho en la parte sustancial de la poesía del siglo XX. Su casa, sus cartas y su obra mayúscula retratan a la perfección al gran personaje.
En lo personal, debo decir que había en mi casa unos libros de piel blanca, y letras doradas, de la editorial Aguilar que eran los siguientes: una obra completa de García Lorca, una poesía completa de Alberti en dos tomos (su poesía menos política y Poeta en la calle), una poesía completa de Emilio Prados, una antología de Francisco Ayala y finalmente una Poesía Completa de Vicente Aleixandre. De ahí surge todo.
Previamente, cuando estudiaba 2ª de BUP tuve un profesor ingenuamente vehemente, enamorado de la poesía, que me puso a la generación del 27 delante y cambió mi vida. Y este poema, que leí por primera vez en un libro de la editorial Anaya y que siempre tengo presente. Es algo más que perfecto. Es arrollador. El puñetazo en la mesa absoluto de un clásico.

SE QUERÍAN

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde? 
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.


Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.




¿Dónde estará el actual Vicente Aleixandre? Puede que ese puesto esté de forma indefinida vacante.

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