jueves, 12 de mayo de 2016

CON CUIDADO, DE NUEVO, GIMFERRER

(Reseña de Per Riguardo, libro de poemas de Pere Gimferrer).

Hubo una época en que los poetas eran gigantes. Algunos eran capaces de tomar ciudades y protagonizar rebeliones, en sentido literal. En lo referente a la literatura representaban un trascendente hito que servía para fundar estados o apuntalar lenguas en declive.
Hubo una época en que los poetas eran héroes de la emoción, con páginas cuyo filo merecía ser teñido de oro.
Con la irrupción de la poesía beat, la literatura magnetofón, el periodismo gonzo, el más tardío realismo sucio y sus laconismos, tantos géneros para un ejercicio más o menos conseguido de arte pop, la posición del escritor, también del poeta, se vio desplazada a otro lugar, no peor, sino simplemente diferente.
La obra de Pere Gimferrer es una continua reivindicación de las glorias del pasado, en todas y cada una de sus fases, y en los, al menos, tres idiomas en que ha desarrollado hasta el día de hoy su producción poética. Ya desde Mensaje del tetrarca, aquel ejercicio de un jovencísimo erudito, que mereciera los elogios de todo un Vicente Aleixandre, la intención de la obra de Gimferrer es la de darle al género una dignidad, digamos, sinfónica, una grandeza que se había ido debilitando con la generalización mediática de unos modos basados en la pretendida espontaneidad, cuando no, autenticidad (nada menos). Un retorno a los grandes proyectos del siglo XIX.
Me refiero a la gloria de poetas que vivían en hábitats poco poblados. Aunque nos parezca mentira, la poesía siempre ha sido un reducto de minorías, las tiradas eran ridículas, casi a escala de comunicación privada. Sólo el uso político de la lírica les daba la dimensión de un arte realmente popular. Pero lectores, en propiedad, ha tenido históricamente pocos. Tal vez épocas recientes han dado lugar al insólito fenómeno de poetas leídos por alto número de lectores. Los que miran al pasado con nostalgia, proyectan sin justificación una imagen falsa, la ilusión que traman los libros de texto, las revistas y periódicos que reinciden en las grandes figuras que han pasado a la denominada historia de la literatura.
Es una sorpresa parecida a la que se experimenta al saber que Van Gogh no vendió en vida un solo cuadro. ¿Cabe pensar que por ejemplo la primera edición de La Tierra Baldía fuera cuasiartesanal y tuviera en su versión inglesa cuatrocientos cincuenta ejemplares, plegada, cosida y cortada a cizalla? ¿Puede el más influyente libro de poemas del siglo XX haber tenido una primera salida tan cauta?
Estos tiempos no son mejores ni peores en lo que se refiere a lectores, tal vez mejores. Pero Gimferrer, con su obra, con su empeño artístico, ha aspirado, no a arrastrar riadas de seguidores, sino dotar a sus composiciones de una grandeza superior. Dentro de la generación a la que por lo general se le atribuye, aquellos nueve novísimos de Castellet, es sin duda el más erudito y sin temor a equivocarse el mejor poeta. Nunca ha abandonado sus planteamientos originales, ni ha renegado de su culturalismo, salpicado, eso sí, de eventuales referencias a lo más actual, como muestra de estar bien instalado en el mundo.
Pere Gimferrer es, a mi modo de ver, una figura total, que resaltará por encima del resto, con toda justicia, cuando se vuelva la mirada hacia los escritores del momento presente. Todo ello se deriva de su aspiración de clasicismo, y su afán de audaz vanguardia, en el mismo paquete, con un exquisito lenguaje, una construcción de imágenes talladas en puro bronce, además del reflejo de una amplitud de conocimientos en lo artístico, literario e histórico realmente única. En ese aspecto, porque la suya es una obra poderosa, no exenta de magníficas sutilezas, concebida como un discurso imperial por neobarroco, y también vanguardista al modo del siglo XX, y emparentada con Whitman, Rubén Darío, Eliot, Pound, d’Annunzio, Saint-John Perse y tantos otros que proyectaron sus obras como un hecho trascendental, con, además, referencias a los clásicos de sus, por ahora, tres lenguas; por ese motivo, cabe estimar que busca encarnar la figura de poeta epocal casi en desuso, arrastrados como estamos por lo ocasional y consuetudinario, de una sobreabundancia de poesía que vive de ocurrencias.
Per riguardo resulta ser un hito más en esa aventura. En esta ocasión nos demuestra que, después de ser grande en español y catalán, puede además serlo en italiano. Un nuevo ejercicio de orfebrería, de tardomodernismo, simbolismo en cobre y oro, discurre por los doce poemas que componen este maravilloso libro. Cada cosa que hay en él resalta como el detalle de maestría de un tapicero que sólo escoge hilos de tejidos y metales nobles. Por momentos uno piensa en aquel artículo fantástico de Historia de la eternidad, el libro de Borges, dedicado a los kenningar, donde se multiplican construcciones metafóricas de gran fuerza una detrás de otra. En un sentido parecido se multiplican conexiones sorprendentes en todos y cada uno de los poemas, casi en cada verso, con un grado de autoconciencia artística altísimo. Unos pocos ejemplos de densidad gongorina.

parecchie lune, nastri della notte / múltiples lunas, lazos de la noche
questo grido girovago di tante gioventù / este grito giróvago de tantas juventudes
la luna degli alberi mozzati / la luna de los árboles talados
notte o ventaglio delle Naiadi in grembo a tante chiome /
noche o abanico de náyade en la falda de las frondas
le violette pomeridiane, viola d’amore / violetas de la tarde, la viola de amor
i cespugli del ciello avvelenato / la maleza del cielo envenenado
il mare fosco in fiammeggiar jaspé / el fosco mar en flamear jaspé

Todas estas construcciones menudean para dar musculatura, magia y misterio a la exploración sensorial y evocadora de sucesivas escenas que configuran una suerte de cuadros en una exposición, al modo de la plástica, arte al que se ha manifestado tan afecto Pere Gimferrer.
Se diseminan referencias a la cultura clásica, como en el poema titulado “Il Combattimento di Tancredo e Clorinda”, en directa referencia a la obra de Claudio Monteverdi –el inventor del género operístico-, obra a su vez basada en los versos de Torcuato Tasso, La Jerusalén Libertada, que narra sucesos de las Cruzadas. Este motivo, los avatares de Tancredo y Clorinda, y su amor frustrado, es enclave de muchas obras, no sólo en lo musical, sino también en lo pictórico. De hecho, el poema que aquí nos brinda Gimferrer guarda un cierto regusto a la obra de Tasso, aunque más bien para  realizar un mero lienzo en referencia a ese motivo, al modo de los pintores, que eligen un tema clásico para mostrar su arte.
De la misma forma se hace referencia al poeta Corazzini, muerto prematuramente, en “Carte Incrociate”, en otro delicado ejercicio, o a la Venus Anadiómena, Galatea y el cíclope, el contemporáneo Strindberg, Alberti, incluso señalando algo de la actualidad, la autopista que va de desde Génova a Ventimiglia, con el evocador nombre de “Autostrada dei Fiori”.
Ejercicios de erudición y sensible funambulismo lírico, llenos de cámaras y antecámaras, en un paseo palaciego en el que ejercitar nuestro deleite, que Gimferrer escoge del legado tan fértil de nuestra Europa.
Este librito, esta breve colección, pesa toneladas de talento y llega en el mismo año en compañía de otra obra maestra, esta vez en lengua catalana: El Castillo de la Pureza. A su vez son ambos posteriores a una sucesión de libros magníficos en lengua española. Cuando algunos dábamos por un poco titubeante la carrera como poeta de Gimferrer, nos ha sorprendido, nos ha premiado, con un sprint de obras sensacionales (señalaba no hace mucho en una entrevista que ya casi sólo escribe poesía, y se definía a sí mismo como poeta), obras que confirman lo que de todos modos sabíamos: que es un poeta superdotado. Y que lo es en el modo antiguo, encarnando esa materialización de lo que de maravilloso tiene el género poético, épico, lírico, dando motivos para soñar con que vivamos un momento literario único.

Más allá de los pesimismos, del coro de plañideras que suele ser la industria cultural española, hay que valorar que se produzcan con cierta frecuencia obras estupendas y algunas sobresalientes, como lo es Per riguardo y eso debe hacer que nos sintamos satisfechos. No creo que sea común tener la oportunidad de estar presente en la aparición de una obra maestra. Asomarse a Gimferrer equivale a subir hasta Villa Borghese: cada escultura de Bernini se recibe con una exclamación mal contenida. Acudan a las librerías. Compren este libro: comprenderán.



RESEÑA DE PER RIGUARDO, PERE GIMFERRER (Aparecida en 2014 en la desaparecida magazine, Noches áticas).
Versión española de Justo Navarro, Prólogo de Jacobo Cortines
Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2014, 56 pgs.




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