martes, 29 de marzo de 2016

Francisco Benedito

Tengo ahora delante de mí el libro de Francisco Benedito, “La pasión de ser débil”. Y busco la forma de ser justo con él.
Creo que la única forma de hacerlo es decir que es un libro magnífico, repleto de poemas disfrazados de pequeñas viñetas en las que, en realidad, se aprieta el todo. Es un libro a cara o cruz. La elección de poemas breves, de incendiado laconismo, que alternan el tono confesional con la sentencia (moral y amoral), lo colocan en ese dilema extremo.
Debo confesar que lo leí por primera vez hace unos meses y pasé por él de la peor forma posible, con una lectura apresurada y descuidada, en un viaje breve a Valencia, ciudad en la que reside este poeta.
Pero esta semana lo he cogido en serio, me he detenido en él. “La pasión por ser débil” es un libro que merece que uno se detenga. Como señalaba, no es la habitual sucesión de poemas, tan habituales hoy en día, que funcionan como una colonia de buen olor, fresca y finalmente volátil. “La pasión por ser libre”, de ser un perfume, sería una esencia; en ella se acumula con todo su peso el aroma destilado de una experiencia vital.
La elección de hacer rotar el poema alrededor de nombres abstractos supone una apuesta arriesgada, en una época, la nuestra, en que el fanatismo de la línea clara y el simbolismo light de las poetas feministas (estas dos tendencias contrapuestas y a la vez curiosamente parecidas) dominan con mano de hierro el panorama, significa remar contra corriente. Sin embargo, qué queréis que os diga, la gran poesía se talla alrededor de los nombres abstractos (la vida, la muerte, el tiempo, la verdad, la conciencia, lo amado, lo vivido, la raíz, el alma, etc). (Pienso ahora en Saint-John Perse, T.S. Eliot, Rilke -aunque no necesariamente en relación a Francisco Benedito-, en casi todos los poetas románticos). Lo demás son modas.
De modo que los poemas de este libro parten de lo sensorial para desembocar en lo abstracto, para establecer verdades. Algunos de ellos arrancan en una sensación y conducen a un universal. En otras ocasiones se inician con una sentencia y luego se desmenuzan en impresiones de los sentidos. Siempre con redondez y sentido exacto de la longitud del verso. A fin de hacer balance, saldar la mitad del camino que supone adentrarse en la cuarentena.
Seguiré leyéndolo, tratando de desentrañar el misterioso foco alrededor del que gravitan algunos de los poemas, estas muy contenidas píldoras de reflexión vital, de saboreo de la propia temperatura emotiva, que flotan a una distancia de su referente original, que, fatalmente, desconozco.
Copio un poema, el que cierra el libro:

TIEMPO DE VUELTA
Ahora que mi tiempo
ya ha dejado de ser tiempo de ida
habla en mí la conciencia más desnuda.
Es en ese momento
-cuando parten los azules del verano-
que se me funde el alma con las cosas.
Suena dentro del pecho
la melodía verde de los árboles,
se desprenden sus hojas
que en otras estaciones
los vistieron fugaces de esplendor.
Es este ese momento
en que deseo el alma del otoño
llevándose las galas de la mía.

Otoño que desnudas este mundo,
llévame a tu raíz.


“La pasión de ser débil”, Ediciones Contrabando, Valencia, 2015, pag. 62.

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