sábado, 4 de julio de 2015

VISOR

Como casi todo el mundo sabe a estas alturas, Chus Visor, el director de la colección de poesía más importante e influyente de España, concedió una entrevista a corazón abierto a El Cultural, suplemento del periódico El Mundo. En ella se decían no pocas cosas incendiarias, casi cualquier colectivo recibía mensajes con una carencia de diplomacia poco corriente hoy en día.
Por ese lado, por el del escándalo y las palabras incendiarias, leí la entrevista con no poco placer. No es muy habitual encontrar a personas que dicen exactamente lo que piensan. Me pareció divertido, como es divertido ver a Arrabal dando bandazos hablando del milenarismo o a Bukowski montándola en la televisión francesa, o a Michi Panero poner los pies sin calcetines en la mesa de José Mª Íñigo. Todo esto está muy bien para un ratito. Se echa uno unas risas y se deleita pensando en la que se va a montar.
Y efectivamente se ha montado.
La liebre ha saltado por el lado de las poetas, cuya piel fina detecta rápidamente el menosprecio y el paternalismo. Mucho de ambas cosas había en la frase del Sr. D. Jesús García Sánchez. Afirmar todo esto -por cada poeta buena hay cinco tíos que lo hacen igual de bien- encierra mucho de los defectos del sistema editorial español. Hay varias cosas inadmisibles en ello. Por una parte juzgar a los poetas individuales desde una perspectiva de género. Además tratar a las mujeres como un subconjunto minúsculo, cuando son la mitad de la población y llenan las facultades, las colecciones y son, además, las que más leen. Y, por último, mirar al siglo XX con ojos tan miopes, cuando hay mujeres de sobra que tienen altísima categoría como poetas, son interesantes y muchas veces geniales.
Es lamentable volver a este tema estúpido de mujeres y hombres, pero así están las cosas. Las poetas, muchas de ellas, como ha ocurrido en otros gremios, han optado por reunirse en grupos. Ha sido una salida comprensible en un mundo que no las valora con justicia, es decir, que las rechaza o las reduce a anécdota por su mera condición sexual.
Rechazo esto último, reducir a un individuo a anécdota, con todas mis fuerzas; del modo que rechazo la promoción de algunos mediocres productos que son estudiados y observados por llevar la etiqueta de feministas y ser emblema de cierta militancia. Aunque tengo tendencia a disculpar más lo segundo que lo primero. La censura es mil veces más dañina.
Ser editor es ejercer una labor selectiva que fácilmente puede devenir en censura. Pero, es claro, el editor es dueño de su colección. Se expresa en su colección. Chus Visor en ese aspecto se expresa como un editor muy plural y de entrada nada contrario a mostrar el talento de mujeres. Es mi impresión. Sospecho que las palabras de Visor iban dirigidas a esos grupos, algo sectarios, donde se refugian algunas poetas, desde los que pueden dar a conocer su obra sin sobresaltos ni dañinas pleitesías.
Visor es una colección de la oficialidad y a ella acceden los que desde su punto de vista alcanzan ese status. Fuera de Visor, es cierto, quedan muchos buenos poetas que podrían tener ese mismo nivel, pero Chus Visor hábilmente reduce su número, captando a autores veteranos, ofreciéndoles publicar nuevas obras o realizando antología de su obra, dispersa en editoriales ya fenecidas o sellos menores. Esto es lo que hace muy importante a Visor Libros, y por lo tanto muy importante a Chus Visor. Si Visor desapareciera, quedaría un hueco irrellenable en la poesía escrita y publicada en España.
Eso sí, la lista de requisitos para acceder a Visor Libros no es pequeña y en ocasiones no responde a criterios meramente literarios. Publicar en Visor no representa ser un excelente poeta, sino ser una persona muy bien relacionada, o que acumula méritos y distinciones, o ambas cosas. De ahí que hay que acercarse con alguna cautela a ciertos libros, aunque la mayor parte de las veces lo publicado contiene sobrada calidad.
Lo que ha hecho Chus Visor estos años, mantener viva una colección de poesía de ese modo sólido, entiendo que es muy, muy difícil. Lo hace complicado la escasez de lectores dispuestos a introducirse en libros herméticos, de la más alta literatura. Para ello, como contrapeso, Visor ha ido bombeando títulos de autores ajenos a la poesía, famosos por otros motivos, o literatos, digamos, populares y por tanto fáciles de leer. Esa combinación tiene todas las disculpas, como no puede ser de otro modo.
Y he aquí que Chus Visor ha hecho un Belén Esteban, lanzando gasolina a los diversos incendios.
Chus Visor es una persona con la que he hablado dos veces en mi vida. La primera de las cuales me expulsó de su librería para siempre, lo cual le privó de los miles de euros que he gastado en libros. Tenía diecinueve años y llevaba poco tiempo en lo de leer poemas, más allá de los libros de las generaciones del 98 y del 27 que había en casa, y quería regalarle un libro, como algo especial, a una novia que tenía entonces. Entré en Visor con la mayor de las inocencias buscando “Huir del invierno” en su edición de Hiperión. De acuerdo, yo era más tonto si cabe de lo que soy ahora. Pregunté por el libro y, adivinad quién me atendía. Efectivamente, el hombre en persona. Recibí una respuesta absolutamente desabrida en unos términos de menosprecio tan absolutos, que, la verdad, me humillaron. El libro estaba agotado, según Chus Visor, cosa que desconocía. Para haceros una idea, hay una película que se llama Alta Fidelidad, en la que el personaje que interpreta Jack Black se niega a vender un disco a un no iniciado. Yo era el pardillo y Chus Visor era Jack Black, pero sin maldita la gracia.
Lo paradójico es que tenía en mi casa la antología publicada por él mismo de Luis Antonio de Villena, libro que he leído y releído tantísimas veces y está hecho un acordeón.
La segunda vez que hablé con Chus Visor fue más dura. Pasaron los años y establecí breve contacto con Luis Alberto de Cuenca, para mostrarle mis poemas. Como le corresponde a su carácter, me trató con educación y cortesía (Luis Alberto de Cuenca tiene un trato encantador y exquisito), eso sí, aclarándome que él no era una puerta que diera acceso a publicar, algo que entendí bien. Imagino que su trato conmigo empezaba a resultarle algo pesado y me dio el número personal de Chus Visor, con quien acababa de publicar (entonces de Cuenca era un poeta de enorme prestigio). No lo sé a ciencia cierta, pero imagino que deseaba que me dieran una leccioncilla. Debe de ser muy divertido humillar a un poetita plasta.
Vaya si me la dieron, la lección.
Pasé varios días pensándome lo de marcar ese teléfono, sabiendo como sabía con quién me jugaba las habas, y qué iba a decir exactamente para conseguir una entrevista con el gran hombre. Finalmente me senté frente al viejo Heraldo azul celeste de casa de mis padres. Casi no pude hablar. De nuevo recibí un rapapolvo tan absoluto y desabrido, unos modos tan groseros y brutales, que creo que cambiaron por completo mi estrategia en esto de la poesía.
Había comprendido por la vía rápida que jamás pertenecería a ese círculo, que, simplemente, estaba prohibido mi acceso a él. Es curioso que, poco después, comencé a publicar en algunas revistas de poesía y eso me mantuvo, con gran modestia, en el oficio hasta hoy.
Desde entonces he comprado muchos libros de Visor Libros, porque entiendo que no se puede dar la espalda a partes esenciales de la poesía española. Mi estantería está llena de lomos negros y me siguen encantando. Incluso he hecho una reseña a un libro de Visor, hablando del papel benefactor de Visor Libros en el panorama de la poesía escrita y publicada en España.
Visor es una figura muy poderosa. Maneja gran parte del negocio e incide en la concesión de los más importantes premios. Por lo tanto, hay que verlo como lo que es, alguien sin cuyo beneplácito, posiblemente, no se existe a ciertos niveles. Así son las cosas. Todo esto no altera el hecho del mero trabajo compositivo, que es posible realizar sin opción de llegar a ser “alguien”. Es decir, se puede vivir al margen de personas como Chus Visor y su grupo más cercano.
Sin embargo, el guante tirado a la cara de las poetas obliga a tomar una postura. Y creo que esa postura hay que tomarla con todas las consecuencias, con nombre y apellidos. De lo contrario, ciertas injusticias, pacaterías y defectos de origen persistirán en el crítico mundillo de la poesía hispánica, dominada como está por tan pocas manos. (Afortunadamente, en este momento, publicar es sencillo, se multiplican los sellos, pequeños, modestos, supervivientes raspados en la dificultad de difundir un género en el que escasean los lectores, o en el que, para encontrarlos, hay que bajar el listón hasta niveles adolescentes.)
Visor, con sus palabras, que expresan sin equívocos su visión de las cosas, ha tapado el homenaje entregado que se le ha realizado con el libro Ojo a Visor, un homenaje como pocos se han dado en la literatura española. Todo lo ocurrido no debe cegarnos. Pero tampoco podemos quedarnos cruzados de brazos ante prejuicios muy dañinos de un personaje tan influyente.

Por eso escribo estas palabras y creo muy conveniente firmar en change.org el manifiesto Justicia poética ya. Espero que ayude a resituar el estado de cosas.
Disculpad por el rollo interminable.