martes, 30 de diciembre de 2014

Héctor Viel Temperley

Siento una gran impotencia al tratar de expresar la grandeza total de Héctor Viel Temperley. Su potencia es total, continua, sus mensajes son arrebatadores, su manejo de las imágenes conduce a la alucinación, muestra calmadamente el vacío, la locura, la enfermedad, la desolación como un espectáculo de colores heridos.
Decir esto aun así es insuficiente.
"Hospital Británico" es una obra maestra que lo rompe todo, absolutamente nueva y todavía no superada casi treinta años después. Al que le guste lo difícil, lo incómodo, el reto total en lo poético debe acudir a ese libro encantado.
Contiene logros que sólo se hallan en artistas plásticos.
Una pequeña muestra:

"HOSPITAL BRITÁNICO

Voy hacia lo que menos conocí en mi vida: voy hacia mi cuerpo . (1984)

PABELLÓN ROSETTO

Aquella blanca pared nueva, joven, que hablaba a las palmeras de una playa
-enfermeras de pechos de luz verde- en una fotografía que perdí en mi
adolescencia.

PABELLÓN ROSETTO

Soñé que nos hundíamos y que después nadábamos hacia la costa
lentamente y que de nuestras sombras de color verde claro huían los
tiburones. (1978)

PABELLÓN ROSETTO

Si me enseñaras qué es el verde claro... (1978)

PABELLÓN ROSETTO

Es difícil llegar a la capilla: se puede orar entre las cañas en el viento debajo
de la cama. (1984)

"Christus Pantokrator"

La postal tiene una leyenda: "Christus Pantokrator, siglo XIII".

A los pies de la pared desnuda, la postal es un Christus Pantokrator en la
mitad de un espigón larguísimo. (1985)

"Christus Pantokrator"

Entre mis ojos y los ojos de Christus Pantokrator nunca hay piso. Siempre
hay dos alpargatas descosidas, blancas, en un día de viento.

Con la postal en el zócalo, con Christus Pantokrator en el espigón larguísimo,
mi oscuridad no tiene hambre de gaviotas. (1985) - "


domingo, 28 de diciembre de 2014

Carmen Juan

Normalmente hablo de libros y busco en esos mismos libros virtuosismo formal. No la formalidad de los clásicos, atrapados en sus alejandrinos y en sus rimas consonantes y sus liras, redondillas, sonetos... Es otra formalidad. Pero también hay poetas que tienen la capacidad de transmitir con la mayor elocuencia un mensaje en el que podemos vernos, como si fuera en un espejo. A veces es un espejo deformante y a veces es un escenario que muestra una escena en la que nos vemos.
El libro de Carmen Juan, Amar la herida, esta joven, joven poeta ya madura en su oficio nos muestra escenas en las que nos vemos. En las que me veo.
Tal vez puede pensarse que es imposible que un hetero machote como yo pueda verse en las escenas que presenta una joven con un discurso feminista. Pero es así. Porque es un mensaje que habla de los roles que nos toca desempeñar (a nuestro pesar) y de todo aquello que nos hace daño desde dentro, tema que presumo que es un universal. Es el universal que alimenta a muchos poetas dolientes.
Hay un poema. Uno entre todos los del libro que me tiene atrapado esta mañana. Se titula: "Me desintegro a ratos y por partes".
No voy a transcribir un fragmento, porque es un poema de gran narratividad cuyas partes se ensamblan unas con otras en una voz que habla con enorme elocuencia. Un ironía final nos anuncia la gravedad de lo descrito y descarga esa misma gravedad. Es la potencia de la ironía.
Lamento no haber acudido a la presentación del libro y no haber escuchado directamente a Carmen Juan leerlo. Tengo afortunadamente el libro.
Y esto me remite a un tema que Elena Medel mencionaba estos días, la ausencia de autoras entre los mejores libros del año. Pero creo que extravía el tiro: y es que en esas listas lo que a veces manda no es el verdadero mérito. Cada uno es lo que es: una chavala nacida en un barrio suburbial o un pijo nacido en una familia forrada del barrio de Salamanca, un africano que acarreaba ánforas en una zona semidesértica, o una siberiana que se cubre de guata. En todos ellos hay algo común y compartido por todos nosotros. La condición humana. Esta fórmula que podríamos descartar por convencional y manida. Pero me resisto a ello. No me gusta que se tracen líneas. O que lo particular oculte lo que nos une y ata en la misma cárcel, nuestras emociones, necesidades materiales y deseos.
Esa lista no nos sirve a los lectores. Podría haber en ella dos extraterrestres fanáticos del acmeísmo y ser válida, si sus libros merecen la pena. Pero a veces hay en ella personas perfectamente integradas en el sistema editorial español que tienen una obra con menos alicientes que un nugget del McDonald's. No diré quienes. Porque este es un blog sólo de lo que me gusta, que no lee nadie (o casi nadie). Pero que escribo porque sí y ya está.
Esperaré impaciente el próximo libro de Carmen Juan o de Elena Medel y pasaré de listas. Pasaré de cuotas, de porciones de poder en el mundo editorial y demás asuntos que eclipsan lo demás, este hecho solitario, esta manía de leer mensajes en una botella que nos envían a través de las librerías unos desconocidos. Para conocerlos. Me refiero al hecho literario. A la escritura de obras y a la lectura de las mismas.


sábado, 27 de diciembre de 2014

Carlos Fernández López

Hoy, leyendo Soundscape, un libro muy especial de Carlos Fernández López.

Objetos poéticos de extraña belleza en cada página, para leer con gran calma. Poesía para un lento paladeo.

Este es uno:

El cable sin tensión pende
arrojado, busca sustancia,
planea quieto en el decir de
sí, inmóvil, atravesado de
muerte, en la pared frontal
del aire.


Soundscape está disponible en Uno y Cero Ediciones por un precio francamente económico en formato digital.


“En la pared frontal del aire”. Gran imagen.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Saint-John Perse

Rememorando Anábasis, el libro maestro del maestro Saint-John Perse, escrito en una época en que los poetas todavía creían ser, y eran, seres míticos.


CANCIÓN
Nacía un potro bajo las hojas de bronce. Un hombre puso bayas amargas en nuestras manos. Extranjero. Que pasaba. Y he aquí que se habla de otras provincias a mi gusto… “Os saludo, hija mía, bajo el más grande los árboles del año”.
Pues el sol entra en Leo y el Extranjero ha puesto su dedo en la boca de los muertos. Extranjero. Que reía. Y  nos habla de una hierba. ¡Ah! qué de soplos en las provincias! ¡Cuánta holgura en nuestras vías! ¡y cómo me es delicia la trompeta y la pluma sapiente en el escándalo del ala!… “Alma mía, moza, tenías maneras que no son las nuestras”.
Nació un potro bajo las hojas de bronce. Un hombre puso estas bayas amargas en nuestras manos. Extranjero. Que pasaba. Y he aquí un gran ruido en un árbol de bronce. ¡Asfalto y rosas, don del canto! ¡Truenos y flautas en las cámaras! ¡Ah! cuánta holgura en nuestras vías, ah, cuántas historias en la añada, y el Extranjero tiene sus maneras por los caminos de toda la tierra!…  “Os saludo, hija mía, bajo el más bello traje del año”.


Así comienza Anábasis. Pocas veces se ha escrito con más magia.