viernes, 24 de octubre de 2014

Allen Gingsberg

Últimamente me encuentro con la foto de Gingsberg por aquí y por allá, casi como aval de poetas que tratan de envolverse en su manto de santo de la absoluta derrota y la vida al límite. Son estos nuestros tiempos más triviales y a la vez más mansos, sin otro reto que vencer la gomaespuma del rutinario sucederse las castas de la llamada cultura, los circulitos de borreguil peloteo mutuo, vencer en definitiva la indiferencia y la falta de generosidad de una época poblada de medianías ponderadas en exceso.
Gingsberg es lo contrario. Un tipo que titula su obra definitiva y total como “Aullido” (Howl), no parece que vaya a hacer concesiones ni vaya a pedir permiso. Eso mola de Gingsberg. Las ganas de hacer saltar la banca, dar el pelotazo por el método más inadecuado, escribir estos demoledores poemas.

Bueno, pues así empieza Aullido, que no me atrevo a traducir, puesto que hay palabras que han evolucionado su significado a lo largo de las décadas.

"I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starving hysterical naked,
dragging themselves through the negro streets at dawn looking for an angry fix,
angelheaded hipsters burning for the ancient heavenly connection to the starry dynamo in the machinery of nignt,
who poverty and tatters and hollow-eyed and high sat up smoking in the supernatural darkness of coldwater flats floating across the tops of cities contemplating jazz,
who bared their brains to Heaven under the El and saw Mohammedan angels staggering on tenement roofs illuminated,...".

Howl, 1956.

domingo, 12 de octubre de 2014

David Refoyo

He demorado demasiado el momento de hablar del mejor libro de versos que ha pasado por mis manos este año. Amor.txt, David Refoyo, La Bella Varsovia.
Ese libro es un libro importante, un ejercicio muscular de dominio del verso, de la exactitud del ritmo, un crisol donde se cuecen tantas referencias a la cotidianidad entre continuas fugas líricas, en que todo remite a la inteligencia del autor y a una emoción que aflora a lo largo del extenso texto en forma de épica de un tiempo banal como lo es el de las últimas décadas, simultaneado con pinceladas de escenas privadas, a veces íntimas.
Imaginen que alguien cogiera todos los recuerdos, los hechos familiares, la experiencia de la cotidianidad de los últimos años y los arrojara al suelo, para luego ir tomándolos con las pinzas y situándolos en un collage que es de todo menos un conjunto caótico. El orden lo da el ritmo.
Amor.txt es como una jugada de Garrincha, pequeños sprints, recortes, amagos y la carrera final que acaba en un gol tremendo.
David Refoyo es un Garrincha de la poesía, y este libro es un mundial de fútbol. Lástima que a nadie se le haya ocurrido darle la copa.
Gracias a Elena Medel por publicarlo y por la recomendación de leerlo.

Voy a transcribir un trocito de este largo y vibrante poema:

“Traspasamos el oxígeno,
pulimos el borde puntiagudo de los neumáticos
para volver a ser nosotros:

nos aceptamos como aceptamos la política de privacidad de las redes sociales
y cruzamos la frontera.

La vida no es más sencilla aquí,
pero los días se tachan despacio
y la resurrección parece verosímil:
Super Bock y un póster vintage del Benfica:

Decadencia subvencionada por Herman Van Rompuy.

Cariño, salgo fuera a ver las estrellas.”