lunes, 15 de septiembre de 2014

Roger Wolfe

Y hoy toca acordarse de Roger Wolfe y de lo gran poeta que es. Debo darle las gracias desde este mi cubículo por sus libros, especialmente por "Días perdidos en los transportes públicos", cuyas páginas me impactaron y cambiaron desde que las hojeé en la vieja librería de Crisol hace ya mucho. El librito sigue ahí en la estupenda edición de Anthropos (creo que era un premio).
Voy sin embargo a transcribir otro poema suyo, posterior, que define mi vida actual con tanta precisión que asusta:

A NINGUNA PARTE

Los pensionistas hablan de trombosis
en los autobuses
o aguardan el final
en los bancos de los parques públicos,
entre mierda de palomas y jeringas
ensangrentadas,
o me paran en la calle
ante escaparates llenos de electrodomésticos
para preguntarme la hora
e interesarse por la raza de mi perro.
Son las cinco de la tarde y todo
en la ciudad apesta a muerte.
Sé que es inútil. Llegar a casa,
ponerme aquí delante y redactar
quince o veinte líneas, qué más da,
esta especie de salvoconducto

a ninguna parte.

                                Roger Wolfe, Hablando de pintura con un ciego, 1993.

Gracias, Roger Wolfe por sus libros, sus poemas, por saber de esa forma tan sencilla de qué estamos hechos y de qué va este carnaval siniestro, la vida.