lunes, 16 de junio de 2014

José María Miralles Sall

Encuentro este poema de este gran poeta hondamente profético para muchos, entre los que me incluyo:

"Aquel
día con el frío
metido hasta adentro de los ojos
hasta arañarle la vista y vestido como estaba
se recostó en su sombra porque ya se encontraba
viejo y abatido y cansado de andar
y andar por los cuadernos
y ocultarlos y volverlos a escribir
y así cerró los ojos y fue ese día de nadie cuando
se durmió y así lo encontraron
y no ocurrió nada más
pero el tiempo siguió su paso y una tarde
después de tantos años cuando la luz
en los ojos de los pájaros se ocultaba alguien
descubrió aquel viejo cuaderno
y lo abrió y leyó sus escritos pero nadie
ni su propio autor
su nombre
                             recordaba."

José María Miralles Sall, Cuadernos 2000-2009, Calambur, Poesía, Madrid, 2009, pag. 172.

Y me quedo con las incendiarias del prefacio del mismo libro, agresivas y ciertas, propias de quien no tiene ya, por su edad, que dar cuentas a nadie:

"Escribo a diario y, preferentemente, de madrugada. A veces pienso que escribo para una generación que aún no ha nacido, y para otros que todavía tendrán que aprender a leer poesía. A estas alturas, libros de versos hay ya demasiados, unos mejores y otros tan faltos de calor que mejor sería quemarlos; o que de tan fríos habría que juntarlos y a ese fuego arrimarlos."

Desde luego, en la obra de este canario, fuego no falta. Ardor en los proyectos, en los versos, en la pasión poética que dura toda una vida, como un mal -o un bien?- irremediable.