lunes, 11 de febrero de 2013

Ana María Moix

Me encanta la poesía que juega y que de repente vira y muestra algo que pellizca en la imaginación. Como ejemplo de juego poético, poesía que juega y que además es trascendente, Ana María Moix, A imagen y semejanza.

"Desde una tarde madrileña, lluviosa y de cielo azul, temo al mar que amenaza con volver."

Y más adelante, cuando los bucles emocionales, los regates líricos no se han agotado:

"CAPITULO X

Todo esto sucederá siempre".