lunes, 13 de marzo de 2017

Ángeles Mora



Estuve el sábado en la nueva presentación de "Ficciones para una autobiografía" de Ángeles Mora. No era una presentación, sino una re-presentación, si se me permite la expresión, puesto que esta obra lleva a la venta dos años. El libro, claro está, tiene un buen puñado de poemas de medida sensatez, alentados por un delicioso tono nostálgico. Poesía de la experiencia que, cuando está contenida, siempre es bienvenida.
  Hay que ir a la librería y comprarlo, sin otros planteamientos. Esta recomendación resulta fácil de hacer, ya que el poemario ha sido reconocido con el premio de la Crítica, primero, y el Nacional de Poesía, después. El libro se lee de un tirón y se vuelve sobre él para saborear innumerables pasajes inspirados. Ángeles Mora percibe la realidad con detalle emocionado y la transcribe con pincel fino.
  Por desgracia, el año anterior para la poeta, aunque magnífico en lo artístico y profesional, fue muy duro en lo personal. Sin embargo, ahí sigue para todos nosotros.
  El acto debía haberse celebrado en las dependencias del antiguo ayuntamiento de Córdoba, en la calle Gran Capitán y hacia allí se dirigieron mis pasos. Para los que somos de Madrid, las distancias de Córdoba son irrisorias, afortunadamente, y se puede pasear hasta casi cualquier sitio. Adoro eso. Córdoba, mientras las temperaturas no se desbordan, es un jardín.
  Así que todo iba de maravilla, en principio. Al llegar a Gran Capitán encontré la puerta del edificio cerrada y una modesta nota modificada que nos dirigía a la acogedora y desordenada librería "República de las Letras". El acto ya no se iba a celebrar en una sala espaciosa del Ayuntamiento, sino en la pequeña sala al fondo de la República de las Letras.
  Llegué a las 18:29h -la hora de comienzo del acto era 18:30h- y descubrí que ya había comenzado. Unas jovencitas leían con dificultad los poemas del libro. La sala estaba llena y al fondo nos apretamos unas diez o doce personas de pie en unos cuatro metros cuadrados, junto a una puerta metálica que no paró de abrirse y cerrarse el resto del acto. Más allá de esa puerta unas jóvenes departían en la antesala aneja a grandes y muy audibles voces. Así que de pie, pelín hacinados, con música metálica de puerta que se abre y se cierra, se abre y se cierra, con un calor considerable, con el runrún de las voces de nuestras vecinas de sala estuvimos el resto del tiempo. Tras la trabada prelectura de los poemas, llegó la consabida presentación de la autora nunca demasiado breve, dedicada a la reivindicación feminista, a las cuotas de presencia pública, al poder, etc, etc. El etc es largo.
  Tras este extenso entreacto, Ángeles Mora intervino y comenzó a leer en un tono suave que poco a poco fue haciéndose firme. Hubo momentos de emoción que hicieron evaporarse la mala, mala, mala idea de celebrar el acto con tantas estrecheces. Finalmente acabó tras sincero aplauso y decidí, qué tontería, que la poeta me firmara mi ejemplar del libro. Son manías que uno tiene, la de tener breve contacto (muy breve, sin dar la tabarra) con los autores que admira.
  No pudo ser. Cuando ya extendía el libro para la firma, un grupo de jóvenes, las que habían leído tan mal los poemas de Ángeles Mora, como vulgarmente suele decirse, se colaron para solicitarle la firma de los folios en los que habían leído, aquellas arrugadas fotocopias. (Lo de colarse en Córboba es muy habitual, aunque esta es otra historia).
  Uno debe comprender. A veces, en determinadas ocasiones, se está fuera de lugar, uno sabe que ese no es su momento ni su sitio. Me dí la vuelta (sin la firma) y volví a casa, de nuevo paseando por este jardín cordobés primaveral y acogedor, y al llegar estuve conversando un ratito con mi mujer, y le leí un par de poemas lo mejor que pude y le parecieron magníficos. Y es que de verdad lo son.
  El sábado descubrí que es más cómodo acudir a las gradas de un estadio de fútbol que asistir a una lectura de poemas, por paradójico que nos parezca.



lunes, 5 de diciembre de 2016

SUSANA BENET



La falta de afectación, la luz sencilla con que Susana Benet nos ilumina y muestra el mundo hace que acuda a sus versos para destensarme y pensar que vivir, trabajoso y doliente, es tan sencillo como permanecer así, como ella, abierto a eso que describe, ambientes y objetos.
Su última entrega, Lo olvidado, es un libro adorable, una pequeña joyita doméstica que releer con placer. Me doy cuenta de que mucha de la poesía más interesante viene de Valencia, donde Susana Benet reside. Allí ha publicado la versión e-book (en Uno y Cero Ediciones) de este volumen tras haberlo comercializado en versión artesana (una belleza que no he tenido el placer de conseguir) en la colombiana Ed. Frailejón..
Cuesta extraer un poema que se imponga a otros por su redondez (todos son excelentes), así que este que quiero transcribir es uno entre muchos por su lisura y falsa sencillez que esconde, mostrando poco, mucho.

LO OLVIDADO

Cómo amo los lugares olvidados.
La calleja que ya nadie transita,
el íntimo cobijo de las cuevas,
el fondo rumoroso del barranco
donde el agua se estanca y los insectos
tejen islas brumosas en el aire.
Tenderme en el pretil de antiguos puentes,
revestidos de zarzas y hojarasca
y escuchar cómo zumban las abejas
en la calma fragante del romero.
Acercarme al misterio de las casas
donde no habitan más que los rosales.
deshojándose lentos en la tierra.
Internarme ligera en la espesura
de secretos parajes, donde el paso
ávido de los hombres no perturba
la paz de los guijarros, ni el festivo
desfile del espliego por las sendas.
Y, atravesando el filo de la tarde,
emprender el camino de regreso
sintiendo que, de pronto, me acompaña
la vacua plenitud de lo olvidado.


domingo, 28 de agosto de 2016

Max Ritvo

Touching the floor

I touch my palms to the floor
and granite rhinos surge up my arms
and lock in my shoulders.
Water flecks on my back
and my head is shaved
by bladed cream.

But then my time in my body is up
and it’s time for my mind:
It seeks wisdom
and the rhinos fall into a well,
their faces falling apart—

I want to know what their last words are
but their lips are fading into the purple.

I put my hands into the ground again
but rhinos come only for the body
and never for the mind.

I used to want infinite time with my thoughts.
Now I’d prefer to give all my time
to a body that’s dying
from cancer.

Palpando el suelo

Poso mis palmas en el suelo
y rinocerontes de granito surgen sobre mis brazos
se anclan en mis hombros.
Gotas de agua en la espalda
y mi cabeza es pelada
con espuma de afeitar.

Dado que mi tiempo en mi cuerpo se ha cumplido
es el turno para mi mente:
buscar el juicio
y lanzar los rinocerontes a un tintero
ocultando sus rostros.

Quiero saber cuáles son sus últimas palabras
pero sus labios se desvanecen en el púrpura.

Pongo mis manos en el suelo otra vez
pero los rinocerontes vienen sólo por el cuerpo
y nunca por la mente.

Solía querer un tiempo infinito con mis pensamientos.
Ahora prefiero dar todo mi tiempo
a un cuerpo que muere
de cáncer.


Max Ritvo. DEP.

Resultado de imagen de max ritvo

martes, 16 de agosto de 2016

HIDROGENESSE

Pego aquí la letra y canción de Hidrogenesse, "Disfraz de tigre"

DISFRAZ DE TIGRE

La conocimos en su primer día de trabajo,
media jornada en la caja de un supermercado,
le preguntamos ¿a qué te dedicas? y nos dijo:
soy una caja registradora,
soy una caja registradora ...

En la feria anual de los sintetizadores
le dejamos probar nuestro nuevo vocoder,
se acerco al micro y dijo:
soy un vocoder, soy un vocoder,
soy un vocoder, soy un vocoder ...

A los 12 años la cambiaron de colegio,
la pusieron delante de sus nuevos compañeros,
le preguntaron de dónde venía y dijo:
yo he venido de mi casa,
yo he venido de mi casa ...

En la fiesta de disfraces se hizo un traje a rayas,
una cola muy larga y guantes con garras,
le preguntamos qué era y dijo:
soy un disfraz de tigre,
soy un disfraz de tigre,
soy un disfraz de tigre,
soy un disfraz de tigre ...

Hacía más de 2 años que no la veíamos,
vino a visitarnos sin previo aviso,
tenía una moto, se había teñido,
hablaba susurrando con acento argentino.
Nada mas vernos nos dijo: ¿Qué soy?

Y le dijimos 4 cosas ...

Eres una máquina,
eres una piedra,
eres una planta,
eres un animalito ...

Máquina, piedra, planta, animalito ...
Máquina, piedra, planta, animalito ...
Máquina, piedra, planta, animalito ...
Máquina, piedra, planta, animalito ...
Máquina?

                                       Hidrogenesse, 2007, Album, "Animalitos".





viernes, 22 de julio de 2016

NICANOR PARRA

Y Nicanor Parra, cómo no.

LA TRAMPA


Por aquel tiempo yo rehuía las escenas demasiado misteriosas.
Como los enfermos del estómago que evitan las comidas pesadas
Prefería quedarme en casa dilucidando algunas cuestiones
Referentes a la reproducción de las arañas,
Con cuyo objeto me recluía en el jardín
Y no aparecía en público hasta avanzadas horas de la noche;
O también en mangas de camisa, en actitud desafiante,
Solía lanzar iracundas miradas a la luna
Procurando evitar esos pensamientos atrabiliarios
Que se pegan como pólipos al alma humana.
En la soledad poseía un dominio absoluto sobre mí mismo,
Iba de un lado a otro con plena conciencia de mis actos
O me tendía entre las tablas de la bodega
A soñar, a idear mecanismos, a resolver pequeños problemas de emergencia.
Aquellos eran los momentos en que ponía en práctica mi célebre método onírico,
Que consiste en violentarse a sí mismo y soñar lo que se desea,
En promover escenas preparadas de antemano con participación del más allá.
De este modo lograba obtener informaciones preciosas
Referentes a una serie de dudas que aquejan al ser:
Viajes al extranjero, confusiones eróticas, complejos religiosos.
Pero todas las precauciones eran pocas
Puesto que por razones difíciles de precisar
Comenzaba a deslizarme automáticamente por una especie de plano inclinado,
Como un globo que se desinfla mi alma perdía altura,
El instinto de conservación dejaba de funcionar
Y privado de mis prejuicios más esenciales
Caía fatalmente en la trampa del teléfono
Que como un abismo atrae a los objetos que lo rodean
Y con manos trémulas marcaba ese número maldito
Que aún suelo repetir automáticamente mientras duermo.
De incertidumbre y de miseria eran aquellos segundos
Es que yo, como un esqueleto de pie delante de esa mesa del infierno
Cubierta de una cretona amarilla,
Esperaba una respuesta desde el otro extremo del mundo,
La otra mitad de mi ser prisionera en un hoyo.
Esos ruidos entrecortados del teléfono
Producían en mí el efecto de las máquinas perforadoras de los dentistas,
Se incrustaban en mi alma como agujas lanzadas desde lo alto
Hasta que, llegado el momento preciso,
Comenzaba a transpirar y a tartamudear febrilmente.
Mi lengua parecida a un beefsteak de ternera
Se interponía entre mi ser y mi interlocutora
Como esas cortinas negras que nos separan de los muertos.
Yo no deseaba sostener esas conversaciones demasiado íntimas
Que, sin embargo, yo mismo provocaba en forma torpe
Con mi voz anhelante, cargada de electricidad.
Sentirme llamado por mi nombre de pila
En ese tono de familiaridad forzada
Me producía malestares difusos,
Perturbaciones locales de angustia que yo procuraba conjurar
A través de un método rápido de preguntas y respuestas
Creando en ella un estado de efervescencia pseudoerótico
Que a la postre venía a repercutir en mí mismo
Bajo la forma de incipientes erecciones y de una sensación de fracaso.
Entonces me reía a la fuerza cayendo después en un estado de postración mental.
Aquellas charlas absurdas se prolongaban algunas horas
Hasta que la dueña de la pensión aparecía detrás del biombo
Interrumpiendo bruscamente aquel idilio estúpido,
Aquellas contorsiones de postulante al cielo
Y aquellas catástrofes tan deprimentes para mi espíritu
Que no terminaban completamente con colgar el teléfono
Ya que, por lo general, quedábamos comprometidos
A vernos al día siguiente en una fuente de soda
O en la puerta de una iglesia de cuyo nombre no quiero acordarme.

Poemas y antipoemas, 1954.






jueves, 9 de junio de 2016

Antonio Cabrera - Corteza de Abedul



Debo decir en primer lugar que Corteza de Abedul es un libro que me entusiasma. Me encanta la sensación de haber llegado a una novedad que perdurará como una obra importante, un hito en la poesía española. Si ya no estaba dentro de una madurez muy acusada la poesía de Antonio Cabrera, con esta nueva entrega de sus estudios naturales, de sus prospecciones sensoriales y la emocionalidad de las mismas, alcanza un punto de maestría que merece nuestra alabanza y reconocimiento.
Este es el tema del mismo: la materia, al exterioridad y la forma en la que el yo (de Antonio Cabrera, aunque es un yo de aspiraciones universales) se despliega sobre lo exterior. La elección de pretextos naturales (paisajes, instantes, la textura del tiempo, frutos, aves…) viene siendo común a lo largo de su obra y muestra su preferencia vital, la de alguien que está en el mundo para realizar una detallada contemplación.
Es de agradecer que esa exploración del ego no sea la del yo biográfico, sino la del yo volcado sobre la materia y el tiempo, en su sensorialidad, para realizar un inventario inmanente del modo en que conforma el mundo, para establecer en cierto modo los límites de la trascendencia. Pero esa mundoconformación no corresponde a la de, pongamos por ejemplo, la sensibilidad kantiana en cuanto a facultad, sino la del yo psicológico. Así en este texto se produce un trayecto de interiorización desde lo puramente externo a la textura emocional de los objetos y de ahí, aún más adentro, al yo que saborea la emoción que la materia y el tiempo provocan.
Corteza de Abedul tiene ese algo de apunte en miniatura propio de los cuadernos de campo que usan los naturalistas. Personalmente tengo gran debilidad por esas preciosas colecciones de dibujos acompañadas de texto manuscrito. El libro, sin ser con exactitud eso, se vale de ese espíritu y ese proceder.
Por esa razón a veces tal prospección de la materia al yo, siendo alta poesía, muestra algo de lo que tiene la labor del científico, el sereno estudio que finalmente homenajea la belleza y complejidad del mundo. Ese sentimiento, llevado a primer plano, produce sin duda una ebriedad que este libro va sirviendo en sabias dosis, en un ejercicio de contención que da la ración exacta que el lector necesita.
Corteza de Abedul es poesía para paladares delicados, como por otra parte ocurre con toda la obra de Antonio cabrera. Es versificación precisa, que aprovecha el poder eufónico de nuestro idioma, la maravillosa variedad gramatical y fonética cuyas texturas dan adorno y tono a la intensidad del sentimiento de que parte el afán de poetizar.
Corteza de Abedul da mucho. Hay que correr a leerlo, hay que pasear con sereno placer por sus hojas.



Un ejemplo:

III. Cumulonimbo

CÓMO te expandes yendo a nada,
nube imparable.
En ti, febril y majestuosa, ¿qué miramos?
Eres lo diferente
despegándose,
agua decepcionada, tropo altivo,
vapor de decisión.
Aumentas
hacia la lluvia y el relámpago,
y al desplomarte en agua y luz quebrada
la tierra te derrota.
O creces
como lánguido yunque de vacío
hasta deshilacharte,
andrajo de un gran no.

Corteza de Abedul, Tusquets Editores, Nuevos textos Sagrados, Barcelona, 2016, pag. 31.




lunes, 23 de mayo de 2016

AMOR, PLAYA DE ÁKABA, NUEVO LIBRO

De nuevo, día grande. Acabo de recibir por primera vez ejemplares de AMOR, un nuevo libro de poemas. Esto, como imaginaréis, me hace muy feliz. Ha sido amablemente prologado por Noemí Trujillo, poeta, novelista, directora de la editorial Playa de Ákaba, y ese es otro motivo de satisfacción.

AMOR surgió como un ejercicio. Pasábamos unos días junto a la playa de la Barrosa (los que la conozcáis sabéis que es una de las mejores playas del mundo) y pensé que ya que tenía un Ipad en el que se podía escribir, podía ir componiendo, para pasar el rato en las horas de siesta y en las noches de estúpido insomnio, poemas sobre el tema del amor.

No había un plan muy preciso, pero los poemas comenzaron a fluir y pasados los meses eran ya una colección. Lo que empezó como un divertimento privado, derivó en algo que prometía. El Ipad se pegó un batacazo y la pantalla parece ahora un siniestro. Pero ha dado tiempo a escribir todos los poemas. Con un dedito. Letra a letra. (Sé que puede resultar decepcionante que no hayan sido escritos con una pluma de ganso a la luz de una vela, ni siquiera con una estilográfica japonesa. Por fortuna me he liberado de los fetiches de la escritura.)

Me propuse ordenarlos en tres partes. A la primera la llamé "Amor (definiciones)" y son eso, una colección de composiciones que definen distintos tipos y momentos del amor. La segunda parte se titula "Viñetas" y en ella he ensayado a hacer poesía-ficción. Es decir, escribir sobre situaciones y personajes que no existen, pero que podrían existir. Y, por último, una tercera parte donde traté de ordenar los poemas dedicados a y sobre mi mujer, Carol, que es mi compañera desde hace veintiún años. Llamé a esta tercera parte "Tributo". Este tributo no salda ni un 1% de lo que me ha dado todos estos años.

La primera y segunda partes tratan de poner distancia con relación al sentimiento amoroso, la tercera es altamente personal y autobiográfica. La línea general es clara, pero juego con otros registros, porque me apetecía dar variedad y componer un libro luminoso, alejado de la línea existencial de todo lo anteriormente escrito.

Así que gran felicidad y el deseo de que puedan en un futuro también ver la luz las colecciones de poemas que dormitan, acabadas, en el disco duro. (Siete, si no me fallan las cuentas). Ahora AMOR, solito, trémulo, sale al ancho mundo en busca de lectores.



jueves, 12 de mayo de 2016

CON CUIDADO, DE NUEVO, GIMFERRER

(Reseña de Per Riguardo, libro de poemas de Pere Gimferrer).

Hubo una época en que los poetas eran gigantes. Algunos eran capaces de tomar ciudades y protagonizar rebeliones, en sentido literal. En lo referente a la literatura representaban un trascendente hito que servía para fundar estados o apuntalar lenguas en declive.
Hubo una época en que los poetas eran héroes de la emoción, con páginas cuyo filo merecía ser teñido de oro.
Con la irrupción de la poesía beat, la literatura magnetofón, el periodismo gonzo, el más tardío realismo sucio y sus laconismos, tantos géneros para un ejercicio más o menos conseguido de arte pop, la posición del escritor, también del poeta, se vio desplazada a otro lugar, no peor, sino simplemente diferente.
La obra de Pere Gimferrer es una continua reivindicación de las glorias del pasado, en todas y cada una de sus fases, y en los, al menos, tres idiomas en que ha desarrollado hasta el día de hoy su producción poética. Ya desde Mensaje del tetrarca, aquel ejercicio de un jovencísimo erudito, que mereciera los elogios de todo un Vicente Aleixandre, la intención de la obra de Gimferrer es la de darle al género una dignidad, digamos, sinfónica, una grandeza que se había ido debilitando con la generalización mediática de unos modos basados en la pretendida espontaneidad, cuando no, autenticidad (nada menos). Un retorno a los grandes proyectos del siglo XIX.
Me refiero a la gloria de poetas que vivían en hábitats poco poblados. Aunque nos parezca mentira, la poesía siempre ha sido un reducto de minorías, las tiradas eran ridículas, casi a escala de comunicación privada. Sólo el uso político de la lírica les daba la dimensión de un arte realmente popular. Pero lectores, en propiedad, ha tenido históricamente pocos. Tal vez épocas recientes han dado lugar al insólito fenómeno de poetas leídos por alto número de lectores. Los que miran al pasado con nostalgia, proyectan sin justificación una imagen falsa, la ilusión que traman los libros de texto, las revistas y periódicos que reinciden en las grandes figuras que han pasado a la denominada historia de la literatura.
Es una sorpresa parecida a la que se experimenta al saber que Van Gogh no vendió en vida un solo cuadro. ¿Cabe pensar que por ejemplo la primera edición de La Tierra Baldía fuera cuasiartesanal y tuviera en su versión inglesa cuatrocientos cincuenta ejemplares, plegada, cosida y cortada a cizalla? ¿Puede el más influyente libro de poemas del siglo XX haber tenido una primera salida tan cauta?
Estos tiempos no son mejores ni peores en lo que se refiere a lectores, tal vez mejores. Pero Gimferrer, con su obra, con su empeño artístico, ha aspirado, no a arrastrar riadas de seguidores, sino dotar a sus composiciones de una grandeza superior. Dentro de la generación a la que por lo general se le atribuye, aquellos nueve novísimos de Castellet, es sin duda el más erudito y sin temor a equivocarse el mejor poeta. Nunca ha abandonado sus planteamientos originales, ni ha renegado de su culturalismo, salpicado, eso sí, de eventuales referencias a lo más actual, como muestra de estar bien instalado en el mundo.
Pere Gimferrer es, a mi modo de ver, una figura total, que resaltará por encima del resto, con toda justicia, cuando se vuelva la mirada hacia los escritores del momento presente. Todo ello se deriva de su aspiración de clasicismo, y su afán de audaz vanguardia, en el mismo paquete, con un exquisito lenguaje, una construcción de imágenes talladas en puro bronce, además del reflejo de una amplitud de conocimientos en lo artístico, literario e histórico realmente única. En ese aspecto, porque la suya es una obra poderosa, no exenta de magníficas sutilezas, concebida como un discurso imperial por neobarroco, y también vanguardista al modo del siglo XX, y emparentada con Whitman, Rubén Darío, Eliot, Pound, d’Annunzio, Saint-John Perse y tantos otros que proyectaron sus obras como un hecho trascendental, con, además, referencias a los clásicos de sus, por ahora, tres lenguas; por ese motivo, cabe estimar que busca encarnar la figura de poeta epocal casi en desuso, arrastrados como estamos por lo ocasional y consuetudinario, de una sobreabundancia de poesía que vive de ocurrencias.
Per riguardo resulta ser un hito más en esa aventura. En esta ocasión nos demuestra que, después de ser grande en español y catalán, puede además serlo en italiano. Un nuevo ejercicio de orfebrería, de tardomodernismo, simbolismo en cobre y oro, discurre por los doce poemas que componen este maravilloso libro. Cada cosa que hay en él resalta como el detalle de maestría de un tapicero que sólo escoge hilos de tejidos y metales nobles. Por momentos uno piensa en aquel artículo fantástico de Historia de la eternidad, el libro de Borges, dedicado a los kenningar, donde se multiplican construcciones metafóricas de gran fuerza una detrás de otra. En un sentido parecido se multiplican conexiones sorprendentes en todos y cada uno de los poemas, casi en cada verso, con un grado de autoconciencia artística altísimo. Unos pocos ejemplos de densidad gongorina.

parecchie lune, nastri della notte / múltiples lunas, lazos de la noche
questo grido girovago di tante gioventù / este grito giróvago de tantas juventudes
la luna degli alberi mozzati / la luna de los árboles talados
notte o ventaglio delle Naiadi in grembo a tante chiome /
noche o abanico de náyade en la falda de las frondas
le violette pomeridiane, viola d’amore / violetas de la tarde, la viola de amor
i cespugli del ciello avvelenato / la maleza del cielo envenenado
il mare fosco in fiammeggiar jaspé / el fosco mar en flamear jaspé

Todas estas construcciones menudean para dar musculatura, magia y misterio a la exploración sensorial y evocadora de sucesivas escenas que configuran una suerte de cuadros en una exposición, al modo de la plástica, arte al que se ha manifestado tan afecto Pere Gimferrer.
Se diseminan referencias a la cultura clásica, como en el poema titulado “Il Combattimento di Tancredo e Clorinda”, en directa referencia a la obra de Claudio Monteverdi –el inventor del género operístico-, obra a su vez basada en los versos de Torcuato Tasso, La Jerusalén Libertada, que narra sucesos de las Cruzadas. Este motivo, los avatares de Tancredo y Clorinda, y su amor frustrado, es enclave de muchas obras, no sólo en lo musical, sino también en lo pictórico. De hecho, el poema que aquí nos brinda Gimferrer guarda un cierto regusto a la obra de Tasso, aunque más bien para  realizar un mero lienzo en referencia a ese motivo, al modo de los pintores, que eligen un tema clásico para mostrar su arte.
De la misma forma se hace referencia al poeta Corazzini, muerto prematuramente, en “Carte Incrociate”, en otro delicado ejercicio, o a la Venus Anadiómena, Galatea y el cíclope, el contemporáneo Strindberg, Alberti, incluso señalando algo de la actualidad, la autopista que va de desde Génova a Ventimiglia, con el evocador nombre de “Autostrada dei Fiori”.
Ejercicios de erudición y sensible funambulismo lírico, llenos de cámaras y antecámaras, en un paseo palaciego en el que ejercitar nuestro deleite, que Gimferrer escoge del legado tan fértil de nuestra Europa.
Este librito, esta breve colección, pesa toneladas de talento y llega en el mismo año en compañía de otra obra maestra, esta vez en lengua catalana: El Castillo de la Pureza. A su vez son ambos posteriores a una sucesión de libros magníficos en lengua española. Cuando algunos dábamos por un poco titubeante la carrera como poeta de Gimferrer, nos ha sorprendido, nos ha premiado, con un sprint de obras sensacionales (señalaba no hace mucho en una entrevista que ya casi sólo escribe poesía, y se definía a sí mismo como poeta), obras que confirman lo que de todos modos sabíamos: que es un poeta superdotado. Y que lo es en el modo antiguo, encarnando esa materialización de lo que de maravilloso tiene el género poético, épico, lírico, dando motivos para soñar con que vivamos un momento literario único.

Más allá de los pesimismos, del coro de plañideras que suele ser la industria cultural española, hay que valorar que se produzcan con cierta frecuencia obras estupendas y algunas sobresalientes, como lo es Per riguardo y eso debe hacer que nos sintamos satisfechos. No creo que sea común tener la oportunidad de estar presente en la aparición de una obra maestra. Asomarse a Gimferrer equivale a subir hasta Villa Borghese: cada escultura de Bernini se recibe con una exclamación mal contenida. Acudan a las librerías. Compren este libro: comprenderán.



RESEÑA DE PER RIGUARDO, PERE GIMFERRER (Aparecida en 2014 en la desaparecida magazine, Noches áticas).
Versión española de Justo Navarro, Prólogo de Jacobo Cortines
Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2014, 56 pgs.




miércoles, 11 de mayo de 2016

Charles Bukowski

El bueno de Chinaski dándonos una lección de verdad, en un poema que golpea como un martillo pilón no en la conciencia, sino en un lugar más profundo que la moral (esa gelatina mentirosa con la que nos recubrimos), donde residen el temor y tal vez el amor.

FONDUCHA

no habrás vivido
hasta que no hayas estado en una
fonducha
con una sola
bombilla
y 56 hombres
apretujados
en catres
todos roncando
al unísono,
con unos
ronquidos
potentes
y profundos,
increíbles:
oscuros
carraspeantes
asquerosos
infrahumanos
resuellos
del mismísimo
infierno.

son
sonidos
de muerte
que casi te revientan
el cerebro

y los
olores
entremezclados:
calcetines
acartonados y sucios
calzoncillos
meados y
cagados

y por encima de todo
un aire que apenas
circula
parecido al que
emana de un
cubo
de basura
destapado.

y los cuerpos
en la
oscuridad

gordos y
delgados
y
encorvados

algunos
sin piernas
sin brazos

algunos
sin cerebro

y lo peor de
todo:
la total
ausencia de
esperanza
los
amortaja
los cubre
por completo.

es
insoportable.

te
levantas

sales

andas por las
calles

arriba y
abajo por las
aceras

pasas por delante de edificios

das la vuelta a la
esquina

y vuelves
por
la misma
calle

pensando

esos hombres
han sido
niños
alguna vez

¿qué les
ha
pasado?

¿y qué me
ha pasado
a
mí?

está oscuro
y hace frío
aquí
afuera.

La traducción es de Eduardo Moga y fue publicada por Sergio Gaspar en DVD EDICIONES EN 2004. Estaba dentro de la colección de poemas titulada "The Last Night of the Earth Poems".

sábado, 7 de mayo de 2016

Vicente Aleixandre

Para que el siglo de plata de la literatura española fuera posible tuvo que suceder un milagro. Ese milagro tiene un nombre: Vicente Aleixandre. Frente al diablo tiránico que se encarna en Juan Ramón, acude como némesis amistosa el ángel bueno: Vicente Aleixandre. Ese chorro de generosidad y amabilidad hizo posible mucho en la parte sustancial de la poesía del siglo XX. Su casa, sus cartas y su obra mayúscula retratan a la perfección al gran personaje.
En lo personal, debo decir que había en mi casa unos libros de piel blanca, y letras doradas, de la editorial Aguilar que eran los siguientes: una obra completa de García Lorca, una poesía completa de Alberti en dos tomos (su poesía menos política y Poeta en la calle), una poesía completa de Emilio Prados, una antología de Francisco Ayala y finalmente una Poesía Completa de Vicente Aleixandre. De ahí surge todo.
Previamente, cuando estudiaba 2ª de BUP tuve un profesor ingenuamente vehemente, enamorado de la poesía, que me puso a la generación del 27 delante y cambió mi vida. Y este poema, que leí por primera vez en un libro de la editorial Anaya y que siempre tengo presente. Es algo más que perfecto. Es arrollador. El puñetazo en la mesa absoluto de un clásico.

SE QUERÍAN

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde? 
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.


Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.




¿Dónde estará el actual Vicente Aleixandre? Puede que ese puesto esté de forma indefinida vacante.

lunes, 25 de abril de 2016

Jaroslav Seifert



Admiro la sencillez de los poetas checos y su habilidad para crear cargas de profundidad con sencillas palabras. Tal como decía Eduardo García, recientemente fallecido, los poemas no se hacen con ideas, se hacen con palabras. Escogerlas, como quien revuelve en la caja de los botones, es una lenta tarea en la que recrearse mientras el corazón arde. Seifert, en ese aspecto, hace mucho con poco. Nos guía con suavidad a su mundo de rememoraciones. Y allí nos encontramos mirando hacia donde él nos pide que miremos.


PUERTA DE LA PÓLVORA

Cuando solía bajar corriendo
desde la periferia a la Puerta de la Pólvora descubrí Praga.
Me metía por las callejuelas antiguas
y sentía un estremecimiento.

En las cervecerías tintineaban los vasos
Y el amor arrastraba allí, por el empedrado, sus pobres encajes.
Y yo corría hacia la Plaza Vieja
y seguía hasta el río.

Por Navidad había mercado en la plaza.
Al atardecer los vendedores encendían las llamitas de las lámparas de gas
y colocaban las naranjas en sus cestas formando pirámides
como los artilleros colocaban las balas junto al cañón antes de que empezara la batalla.
Y fue ese el tiempo infinito de las soledades de un muchacho.

Una vez me sonrió una chica desconocida.
Sostenía entre los labios una rosa rota ya un poco marchita,
y me susurró algo a los ojos.

Me di a la fuga y escapé por la Puerta de la Pólvora,
y al meter la llave en la cerradura de mi casa
aún me latía el corazón.

De todos modos, en mi vida, nunca he huido del amor.
¡Triste rosa! Se marchitó sin mí.
Pero posiblemente en ese punto empezó todo.
¡Fue ella! ¡Fue la rosa!

                     De El cometa Halley, 1967.



domingo, 10 de abril de 2016

Los 90

No nos perdimos en un dédalo,
nos perdimos en una planicie.
No fue un descenso a infierno alguno,
sino una visita a un edificio abandonado donde en algún tiempo
hubo algo.
Es esa hipótesis,
la de que en algún tiempo hubo algo,
la que nos hacía buscar algo.
Esa es la forma en que nos perdimos.
No fue un extravío en las convulsiones de un saber arcano,
al estilo de la cábala o la alquimia,
los misterios medievales de alta metafísica,
la oscuridad original del lenguaje y por tanto del ser
sino en la línea simple de lo insustancial
elevado a la categoría de mundoconfigurativo.
La memoria trata siempre de dar hilo de oro a los perfiles
de lo perdido
unta de vaselina el angular del visor por el que traemos
con ceremonia excesiva lo banal a comparecencia.
Y aquello fue un extravío comandado por perfectos inútiles,
el inane montaje de mediocres mercachifles,
que nos llevaron de la mano hacia un desierto
de literatura magnetofón e historias
de falsos profetillas disfrazados de politoxicómanos
o miembros de grupos de rock gótico.
Fue tan ridículo.
Mientras íbamos de un lugar a otro,
de un bar a otro,
de una noche en blanco
a un día pegajoso de resaca
en un descenso por una escalinata infinita
hacia el mismo inicio de otra escalinata infinita
rodeados de estruendo.
Leíamos novelas.
Alguien hablaba de algo llamado dirty realism,
lenguaje secreto de las grúas,
quién se acuerda de todo aquello?
Y aquí,
algún aprendiz de poeta beat,
alguna maníaca a lomos del plagio
vendía copias evidentes de Lacoste
diciendo no es un Lacoste,
pero lo es, creedlo,
poniendo
cara de no,
no he conseguido esto acostándome con alguien,
hombre o mujer,
qué más da?
Y luego todo reducido a una entrevista,
qué risa,
En aquella cosa pintoresca
llamada País de las Tentaciones.

Nos perdimos en oficinas vacías,
cubiertas de polvo,
en las que no había nada,
más que un cristal roto
por el que observar un solar repleto de viejas máquinas
transformadas en chatarra,
aquellas lecturas del gran mayo del 68,
que habían equivocado los síntomas
y tampoco servían, es lógico, para ningún diagnóstico.
Perdimos precioso tiempo
en trenes subterráneos
hojeando papel reciclado que reinventaba
un mundo imaginario con piezas inconexas
de algo que fue real,
para hacer una comedia del arte que suplantara
la árida verdad:
el que tiene el poder,
el que lo ha conseguido,
no lo ha logrado para abolir la esclavitud,
sino porque precisamente le rinde culto,
porque quiere esclavizar,
quiere asegurarse los coitos
o simplemente le gusta que le muestren obscena pleitesía.

En ese desierto nos perdimos,
supimos que carecíamos de alma
y de metafísica,
flotábamos en una aerostática exhibición de egos sin talento.
Fue muy tonto.

jueves, 31 de marzo de 2016

Elena Medel



He tardado una eternidad en decidirme a escribir sobre este libro, aparecido el año pasado en la editorial Visor, como obra completa de Elena Medel. Al parecer la intención del editor era sacarlo más próximo a la publicación de "Chatterton", pero finalmente se aplazó a una fecha algo más retirada.
Con el Loewe y la salida de "Un día negro en una casa de mentira" -que es como se titula el volumen-, Elena Medel ha sido ascendida a la oficialidad muy merecidamente.
La perspectiva de su obra completa, que incluye libros y otras obras de menor longitud, confirma su coherencia y su genealogía. Piensa uno de modo inmediato en algunas poetas -hoy ya veteranas-, como Luisa Castro o Blanca Andreu, con las que tiene tantas semejanzas y en, claro, las grandes poetas Plath y Sexton, tal vez Margaret Atwood, y la maravillosa Adrienne Rich, por citar lo obvio.
Este libro es de lectura imprescindible para cualquiera que diga de sí que es lector de poesía.


Elena Medel es una poeta que contiene en su mano una enorme energía. Esa energía a veces se descontrola un poco, pero cuando queda encauzada, cuando Medel sujeta la cabeza de ese animal fuerte que son sus emociones y su deseo de crear un efecto, y los canaliza con su gran capacidad para crear plasticidad, estamos ante un hecho poético magnífico.
Ella misma detecta ese exceso y suele corregirlo con ironía, tomando distancia ante la turbulencia que ha creado. Porque el motor de su obra, desde mi humilde opinión, es el riesgo.
El semblante sereno, el pausado acento cordobés, esconden una leona literaria que se despliega a lo largo de su breve y compacta obra.
Y sí, su producción es corta. Pero lo es, estimo sin certeza absoluta, de una forma voluntaria, de un afán de control que se muestra en las correcciones a las que ha sometido a sus libros pretéritos y las demoras de sus nuevos títulos.
Ahora mismo ya se la puede considerar, más allá de poeta, una agitadora cultural de permanente presencia en los medios. Esa temeridad, manifestada de tantos modos, tiene ese premio.
Su colección de poesía La Bella Varsovia, que sea incluida en numerosas antologías,  componen un personaje muy destacado en la pequeña aldea de la poesía española.
Bueno, esto no es decir nada que no se sepa ya por tantos cauces. Ella misma encabeza un grupo creciente de escritoras feministas que se mueven en coordenadas semejantes a las suyas y se despliegan a través de pequeñas editoriales, blogs y webs de gran vitalidad, abiertas al ámbito internacional. No todo lo que se muestra en ese ámbito me gusta, pero por ahí se encuentran estupendas joyas, precisamente por eso, por el dinamismo que lo caracteriza.
Efectivamente en ella pesa la condición de género, enriqueciendo su universo y, a veces, condicionándolo. No obstante no creo que exista opción política que al explicitarse y volverse nuclear no cause el mismo efecto en cualquiera.
Hoy he querido referirme a un poema que me parece en cada relectura mejor. Es el que cierra el libro. Se titula "Mi vida como Hanna Horvath", que se refiere a la protagonista de la serie de la feminista Lena Dunham, "Girls", y que es posible seguir en canales de pago.
En este poema se compendia, a mi modo de ver, de forma ejemplar la poética de Elena Medel. Tiene esa energía desbordante, la exuberancia simbolista, la reflexión sobre los roles de género y la emoción y un ritmo basado en la repetición que me recuerda, no sé si producto de un espejismo, al final de "Cascabeles", el poema de Gimferrer en "Arde el mar" -yo, Hoyos y Vinent, de vivir, vivo, etc. Sólo transcribiré los primeros versos de esta composición, que, al igual que en las películas de Cecil B. de Mille, comienza con un terremoto y de ahí va hacia arriba.

"MI VIDA COMO HANNA HORVATH

Padre, madre, amigas, hombres que dormís conmigo
a saber cuántas noches, que me despertáis
porque os habéis despertado: esto es el fuego.

Esta es la manera en que una mujer dice:

esta es la manera en la que el dedo índice de una mujer choca
contra su nuca -fijaos en el discreto posesivo,
fijaos en cómo calla la nuca de quién-, en que la piel
raspa la piel -fijaos- y entonces prende. Esto
es el fuego; esta es la forma en la que arde una mujer."

(...)


Medel, Elena, Un día negro en una casa de mentira (1998-2014), Visor Libros, 2015, pag. 217.



martes, 29 de marzo de 2016

Francisco Benedito

Tengo ahora delante de mí el libro de Francisco Benedito, “La pasión de ser débil”. Y busco la forma de ser justo con él.
Creo que la única forma de hacerlo es decir que es un libro magnífico, repleto de poemas disfrazados de pequeñas viñetas en las que, en realidad, se aprieta el todo. Es un libro a cara o cruz. La elección de poemas breves, de incendiado laconismo, que alternan el tono confesional con la sentencia (moral y amoral), lo colocan en ese dilema extremo.
Debo confesar que lo leí por primera vez hace unos meses y pasé por él de la peor forma posible, con una lectura apresurada y descuidada, en un viaje breve a Valencia, ciudad en la que reside este poeta.
Pero esta semana lo he cogido en serio, me he detenido en él. “La pasión por ser débil” es un libro que merece que uno se detenga. Como señalaba, no es la habitual sucesión de poemas, tan habituales hoy en día, que funcionan como una colonia de buen olor, fresca y finalmente volátil. “La pasión por ser libre”, de ser un perfume, sería una esencia; en ella se acumula con todo su peso el aroma destilado de una experiencia vital.
La elección de hacer rotar el poema alrededor de nombres abstractos supone una apuesta arriesgada, en una época, la nuestra, en que el fanatismo de la línea clara y el simbolismo light de las poetas feministas (estas dos tendencias contrapuestas y a la vez curiosamente parecidas) dominan con mano de hierro el panorama, significa remar contra corriente. Sin embargo, qué queréis que os diga, la gran poesía se talla alrededor de los nombres abstractos (la vida, la muerte, el tiempo, la verdad, la conciencia, lo amado, lo vivido, la raíz, el alma, etc). (Pienso ahora en Saint-John Perse, T.S. Eliot, Rilke -aunque no necesariamente en relación a Francisco Benedito-, en casi todos los poetas románticos). Lo demás son modas.
De modo que los poemas de este libro parten de lo sensorial para desembocar en lo abstracto, para establecer verdades. Algunos de ellos arrancan en una sensación y conducen a un universal. En otras ocasiones se inician con una sentencia y luego se desmenuzan en impresiones de los sentidos. Siempre con redondez y sentido exacto de la longitud del verso. A fin de hacer balance, saldar la mitad del camino que supone adentrarse en la cuarentena.
Seguiré leyéndolo, tratando de desentrañar el misterioso foco alrededor del que gravitan algunos de los poemas, estas muy contenidas píldoras de reflexión vital, de saboreo de la propia temperatura emotiva, que flotan a una distancia de su referente original, que, fatalmente, desconozco.
Copio un poema, el que cierra el libro:

TIEMPO DE VUELTA
Ahora que mi tiempo
ya ha dejado de ser tiempo de ida
habla en mí la conciencia más desnuda.
Es en ese momento
-cuando parten los azules del verano-
que se me funde el alma con las cosas.
Suena dentro del pecho
la melodía verde de los árboles,
se desprenden sus hojas
que en otras estaciones
los vistieron fugaces de esplendor.
Es este ese momento
en que deseo el alma del otoño
llevándose las galas de la mía.

Otoño que desnudas este mundo,
llévame a tu raíz.


“La pasión de ser débil”, Ediciones Contrabando, Valencia, 2015, pag. 62.

lunes, 21 de marzo de 2016

Te busco - Víctor Víctor

De los varios géneros musicales que le van al español como anillo al dedo, desde luego está en un lugar destacado el bolero.
Por eso me apetece copiar aquí la letra de este bolero excepcional del dominicano Víctor Víctor y acompañarlo de la interpretación perfecta, emocionante, de Celia Cruz.

Este es el poema:

Al cielo una mirada larga
buscando un poco de tu vida.
Mis estrellas no responden
para alumbrarme hacia tu risa.

Olas que esfuman de mis ojos
a una legión de tus recuerdos.
Me roban formas de tu rostro
dejando arena en el silencio.

Te busco perdida entre sueños;
el ruido de la gente me envuelve en un velo.
Te busco volando en el cielo;
el viento te ha llevado como un pañuelo viejo.

Y no hago más que rebuscar
paisajes conocidos
en lugares tan extraños
que no puedo dar contigo.

En cualquier huella te persigo
en una sombra te dibujo
huellas y sombras que se pierden
la suerte no vino conmigo.

Te busco perdida entre sueños
el ruido de la gente te envuelve en un velo.
Te busco volando en el cielo
el viento te ha llevado como un pañuelo viejo.


Te busco...






miércoles, 24 de febrero de 2016

Giuseppe Ungaretti



Un poema del enorme Giuseppe Ungaretti que me gusta releer.

“Quando un giorno ti lascia,
Pensi all’altro che spunta.

È sempre pieno di promesse il nascere
Sebbene sia straziante
E l’esperienza d’ogni giorno insegni
Che nel legarsi, sciogliersi o durare
Non sono i giorni se non vago fumo

Giuseppe Ungaretti, Ultimi cori per la Terra Promessa 3”

Cuando un día te deja,
piensa en el otro que brota.

Está siempre lleno de promesas el nacer
aunque es desgarrador
y la experiencia diaria enseña
que en el unirse, soltarse o durar
no son los días sino un vago humo.

Giuseppe Ungaretti, Últimos Coros para la Tierra Prometida, 3

     Incluido en El cuaderno del viejo.

Hay una traducción de Pre-Textos realizada por el gran Luis Muñoz, publicada en el año 2000. Aunque esta es de mi mano.



jueves, 18 de febrero de 2016

Aurora Luque



Me pregunto si alguna vez Aurora Luque ha escrito un mal poema. Por el momento no he logrado hallarlo.

Así que voy a transcribir uno cualquiera, es decir, uno excepcional, para darle las gracias (modestamente, desde este rinconcillo) por su poesía.

Carpe noctem

Carpe noctem, amor. Coge el brusco deseo
ciego como adivino,
los racimos del pubis y las constelaciones,
el romper y romper
de besos con dibujos de olas y espirales.
Miles de arterias fluyen
mecidas como algas. Carpe mare.
Seducción de la luz,
de los sexos abiertos como tersas actinias,
de la espuma en las ingles y las olas
y el vello en las orillas, salpicado de sed.

Desear es llevar
el destino del mar dentro del cuerpo.


Incluido en "Poemas para la siesta de Epicuro".



jueves, 21 de enero de 2016

Raymond Carver



He estado entreteniéndome en la traducción de este magnífico poema de Raymond Carver, de su libro “Donde el agua se une a otras aguas”. Hay una versión de su obra poética en Bartleby Editores, que, como casi todo lo que publican, es un libro maravilloso. Se titula “Todos nosotros”, traducido por Jaime Priede.

EL PRÓXIMO AÑO (Raymond Carver)

Esa primera semana en Santa Bárbara no fue lo peor
que iba a suceder. La segunda semana él se cayó de cabeza
mientras bebía, antes de una lectura.
En el escenario, esa segunda semana, ella cogió el micrófono
de las manos del cantante y entonó su propia
canción sentimental. Entonces bailó. Y luego se desplomó
sobre la mesa. Eso no fue lo peor, en cambio. Los
encarcelaron esa segunda semana. Él no conducía,
así que le ficharon, le vistieron con un pijama
y le ingresaron en desintoxicación. Le dijeron que durmiera un poco.
Le dijeron que podría ver a su mujer por la mañana.
Pero, ¿cómo iba a dormir si no le permitirían
cerrar la puerta de su habitación?
La luz verde del pasillo entraba en el cuarto,
así como el sonido de un hombre gimoteando.
A su mujer le habían pedido que dijera el abecedario
a un lado de la carretera, en mitad de la noche.
Esto es bastante raro. Pero los polis le ordenaron
que se pusiese a la pata coja, y cerrara los ojos
y tratara de tocarse la nariz con el dedo índice.
A todo lo cual se negó.
La encarcelaron por resistencia a la autoridad.
Él pagó la fianza cuando salió de desintoxicación.
Condujeron hasta su casa hechos una ruina.
Esto no es lo peor. Su hija había escogido esa noche
para marcharse de casa. Dejó una nota:
“Los dos estáis locos. Dadme un respiro, POR FAVOR.
No me sigáis”.
Eso aún no es lo peor. Seguían
pensando que eran las personas que decían ser.
Respondían a los mismos nombres.
Hacían el amor con personas con esos nombres.
Noches sin principio que no tenían final.
Hablaban de un pasado como si realmente hubiera existido.
Se decían a sí mismos que esta vez el próximo año,
esta vez el próximo año

las cosas serían diferentes.


lunes, 11 de enero de 2016

David Bowie



Lo más importante del rock y pop, su absoluta era de oro, ocurrió entre los años 67 y 74. Y justo en el centro de esos años apareció una figura esencial: David Bowie. Hoy nos hemos desayunado con la malísima noticia de su muerte, tras una enfermedad larga y puñetera. Ya sólo por el disco The Rise and Fall of Ziggy Stardust debería pasar a la historia del pop-rock como una figura ineludible, pero él fue (suena raro mencionarlo en pasado) muchísimo más. Se une a la ausencia de monstruos absolutos como Marc Bolan, Freddy Mercury, de quienes fue camarada. Tras los maquillajes, el transformismo, la pose se va un hacedor de bellas y nostálgicas canciones, un alquimista de cuyas manos salió, por ejemplo, Transformer, el gran Lp de Lou Reed. Inició la década del glam, el glitter, el falso lujo, las plataformas, las arañas de Marte, los desayunos en Plutón y demás montajes de tramoya más allá de los cuales late una nostalgia de perros callejeros y tristeza sincera. No contento con ello, inició junto a Brian Ferry la new wave, que dominaría la lista de éxitos en los 80. Luego vinieron más discos, nuevos proyectos durante dos décadas menos brillantes, pero aun así, muy interesantes.
He pasado muchos ratos escuchando la música de esta cosa rara llamada glam y en el menú siempre, sin excepción, estaba David Bowie, una figura clave del fenómeno clave de la segunda mitad del siglo XX, el pop-rock, con el que nos criamos y en el que nos hicimos estéticamente. Fue en esa época en que a la gente le dio por divertirse.



Os dejo un enlace a Starman.


sábado, 9 de enero de 2016

Dámaso Alonso

Hay un libro que es imposible no reseñar como uno de los más importantes poemarios escritos en español. Me refiero a “Hijos de la ira” de Dámaso Alonso. Un libro poderoso, lleno de excesos, en que el poeta pierde el control de los adjetivos, pero que, a pesar de su imperfección producto de las palabras gruesas, alcanza la perfección distinta de un poeta que escribe sin ningún freno.
Dicen las crónicas que Dámaso Alonso no había cosechado demasiado eco con sus primeros libros, cuando se insertaba dentro de la generación del 27 como un actor secundario. Pasada la guerra se da el banquete de verso libre con reminiscencias de la tradición mística, con ese algo de la literatura americana, y al mismo tiempo, haciendo vibrar a nuestro idioma, el español, casi en cualquier verso, con una inventiva metafórica sorprendente. A causa de ello pasa a un primer plano destacado y hoy, la verdad, raramente se le recuerda.
Tenía 45 años, la edad de alguien que ya ha circulado por aquí y ha vuelto, y sabe de qué va esto de vivir.
Tremendismo, sí. Exceso, también. Pero un ejercicio de lenguaje y exactitud rítmica. Retrato al fin de un país muy negro, por el que todavía vagaban hambrientos mendigando un plato de sopa, y en el que la arrogancia de los vencedores aplastaba a los derrotados alimentando un odio que se aplacaría muy lentamente, durante tres largas décadas.
Me quedo con el final de uno de los poemas, titulado “La injusticia”:

“Podrás herir la carne
y aun retorcer el alma como un lienzo:
no apagarás la brasa del gran amor que fulge
dentro del corazón,
bestia maldita.

Podrás herir la carne.
No morderás mi corazón,
madre del odio.
Nunca en mi corazón,
reina del mundo.”



Si queréis oír el poema en la propia voz del autor y leerlo completo, clic aquí.